El origen del códice es el codex romano, esto es, “manojo de tablillas” encubiertas con cera y encuadernadas como libros utilizadas para escribir en ellas. A los comienzos de la época imperial, estaba de moda escribir los trabajos literarios en libritos de pergamino y, así, lo que se consideraba como algo extraño al principio, en la Edad Media era el medio de transmisión habitual de los textos literarios.

El pergamino es un sistema desarrollado 300 años a. de C., en Pergamo, una ciudad de la antigua Asia Menor, que se caracterizó por un gran desarrollo y protección de las artes y la cultura. Se fabricaba con piel seca no curtida de corderos, cabras, cerdos y asnos (la Vitela era idéntica solo que con piel de carnero o becerro). Podía ser transparente u opaca.

Grabado sobre vitela
Con el uso, el nombre de códice se les da a los manuscritos de la Edad Antigua o Media que tienen valor histórico o artístico y a los manuscritos hechos con caracteres pictográficos por los americanos de la parte central indiana antes de Colón. Estos códices americanos tienen varias formas: “retales” largos hechos con papel de fibra vegetal, los que se doblan como el acordeón; piel de ciervo, las que están raspadas y enrolladas; y paños guardados como fardel.

Códice Mendocino
Estos documentos, que son al mismo tiempo pictográficos, ideográficos y fonéticos, solían hacer los “tlaculios” que eran escritores y pintores. Aunque hayan investigado los expertos, no han descodificado del todo. Hoy en día, están dispersados en varios museos. Son documentos muy valiosos para investigar las culturas de mixteca, zapoteca (los códices de Boldley, Selden y Viena), azteca (Códice Borbon y Borgia, códices Mendocino y Telleriano-Remensis) y maya de aquella época.